La soledad en compañía

     ¿Por que nos sentimos tan solos? Es una pregunta que me vengo haciendo hace mucho tiempo. Quizás tanto tiempo como el que esta humilde columna estuvo inactiva. Más allá de encontrarle un motivo, una causa a la soledad que nos martiriza, cabe preguntarnos por qué es que nos sentimos abandonados cuando en realidad no lo estamos. Más alla del debate de la soledad en sí, es objeto de (mi) mayor atencion la cuestión de esta aparente sensación de soledad. ¿Estamos realmente solos cuando nos sentimos solos?

 

     Algunos se preguntarán por que no escribo directamente acerca de la soledad. Básciamente porque no creo en tal cosa. Sé que cuesta entenderlo, y pueden creer que quien les escribe también suele caer en esos pozos de los que parece no haber salida. Esos momentos en donde uno está solo y no hay nadie alrededor para extender una mano. Pero la realidad es que se trata de una sensación de soledad, una especie de engaño momentáneo (que a veces dura demasiado), que termina por acabar con nuestras esperanzas. De todas formas, no olvidemos que esta soledad aparente puede ser tan dificil como la soledad real. No es un problema para tomar a la ligera. Todo lo contrario: a veces nos convencemos de cosas que son mas difíciles de lidiar que la realidad. Es objeto de estas letras intentar explicar por que nos dejamos engañar por nosotros mismos, por que sucumbimos a la desesperacion, por qué bajamos los brazos. Quizás de esa manera logremos entender que realmente no estamos solos, cuando nos sentimos solos.

     Esta sensación de soledad puede llegar por incontables motivos. Normalmente, como todos los pequeños dilemas existenciales, suele aparecer gradualmente. Tan gradualmente, que no nos damos cuenta hasta que es gatillada por un suceso menor. No nos sentimos solos sino hasta que necesitamos la compañía de alguien (ya que ese es el dilema de encontrarse solo) que parece no estar. De esta manera, cuando enfrentamos un pequeño problema y parece no haber solucion a la vista, o necesitamos hablar con alguien y no sabemos con quien, es cuando nos convencemos de tener algun problema excepcional. Y es ahí donde surjen las inseguridades, la propensión a alejarse del mundo que no nos comprende, y finalmente el encierro en nosotros mismos. La soledad no es mas que un círculo vicioso, la tendencia a volverse sobre uno mismo, provocada por la misma sensación de soledad. Y como todo círculo vicioso hay que atacarlo sobre algún punto para que no siga adelante, y es en este concepto de "soledad en compañía" en donde me quiero detener.

     Si, el momento que todos esperaban: que finalmente diga "pero no estas solo, campeón!". Suena a cliché descabelado, pero asi es. Incluso a la señorita a quien le dedico este escrito, que saabe mas que nadie que las distancias físicas no implican distancias emocionales. Aún en los momentos más difíciles, sólo nos resta pensar un unas pocas personas que se preguntan que es de nuestra vida. Aunque de momento parezcan no estar, por distancias u ocupaciones, o tengamos la necesidad de ese abrazo que parece no venir. Hay que mantenerse firme con la conviccción de que, si bien podemos no valorarnos mucho, siempre va haber alguien que lo haga por nosotros. Insisto que suena muy estereotipico, y amenaza convertir esta humilde columna en un ministerio evangélico. Lo cierto es que todos tenemos derecho a darnos por vencidos, pero sin olvidar que siempre hay alguien con nosotros. Nunca podríamos salir de nuestros problemas por cuenta propia, porque esa no es la idea. La madurez espiritual no se alcanza con la autosuficiencia, sino con la convicción de la existencia de un ser cmunal. Y es ahí donde cobra importancia el saber que estamos acompañados: si no sabemos que la ayuda esta ahi, no podremos aceptarla cuando se nos ofrece. Si no entendemos que alguien se preocupa por nosotros, no podemos pretender comprender esos mensajes de aliento que nos llegan todos los dias.

     La soledad en compañía. Esa sensación de abandono que todos tenemos derecho a sentir cada tanto, tiene que servirnos para valorar a quienes están con nosotros. Es una empresa difícil, pero no imposible. Es correr el velo y ver que están ahi: mas alla de sus ocupaciones, de su aparente desaparición, de la distancia que los separa, nuestra familia, amigos, compañeros, hermanos de la vida están ahí. Sólo resta encontrarlos y agradecer que están con nosotros.

 

     ¿Realmente genemos algo con perpetrar nuestra soledad? ¿Por qué esperar que llegue ayuda del cielo? ¿No es más fácil acercarnos a las personas que queremos?

     Hasta un próximo número!

Inspirado por y dedicado a Re: Señales de vida. Si pongo su nombre probablemente me mate :D



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